| El arte de la curación |
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| 10 de marzo de 2010 | |
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No hay traducciones disponibles Interlocutor.— Nosotros constituimos un triángulo en Castelar, que está en el oeste del gran Buenos Aires. Quisiéramos saber, en las curaciones por liberación, cuando la voluntad de morir es mayor que la de vivir, ¿cómo se debe actuar frente al enfermo y su situación actual, y frente a su situación karmática? Vicente.— Uds. deben contar siempre con una voluntad de aquiescencia de las personas con las cuales Uds. trabajan, deben establecer una relación de armonía entre su trabajo, sus energías y la persona que ha de recibirlas.
No podemos quebrantar
la voluntad de una persona si decide morir, pues suya es la voluntad, suyo es
el propósito. Si con la comprensión de nuestras palabras no comprende la Ley,
hay que dejar que la Ley se cumpla. Uds. saben el gran problema que se le
planteó a nuestro Logos Planetario cuando dotó de mente individual a las
unidades animales que habían llegado a cierto punto en su evolución, aquello
que el Maestro Tibetano define como el hombre-animal, cuando
dotó de voluntad propia a esta ingente masa de unidades que procedían del reino
animal, sabía muy bien a lo que se exponía: que la voluntad incipiente de los
hombres, sin conocer todavía las líneas maestras de su propio destino, se habían
convertido en reactores o reacciones en contra de la propia Voluntad de Aquél
que los había creado como seres humanos. Y el proceso continúa, y parte de la Gran
Invocación va dirigida, como Uds. saben, a las pequeñas voluntades de los
hombres, que no siempre están de acuerdo con la Voluntad del Creador, que hace
muchas veces al revés de lo que la Ley pone vigentemente para que las gentes
sigan un curso natural. Entonces, en la curación sucede algo, si el propio Dios
nos permite tener una voluntad que incluso atenta contra la suya propia, ¿por
qué no dejar que la voluntad de aquellos a quienes tratamos de ayudar no siga
también su propio albedrío? Suya es la responsabilidad. Nuestro deber es
trabajar, trabajar, a veces sin esperar recompensa alguna, pues el hombre
tiende siempre a quedar preso al fruto de su acción. Es decir, que si actuamos
tal como debemos actuar, la cosa se hará más allá de nosotros mismos, por lo
tanto, si invocamos las fuerzas impersonales que están aquí, ahora y siempre, y
tenemos la suficiente fuerza de invocación porque nacen de nuestra voluntad
enteramente libre, genuinamente fuerte y siempre en bien de los demás como
servicio, lograremos resultados realmente espectaculares. No hay que pretender
nada aparte de trabajar correctamente. Así que hay que trabajar en la curación,
como en todos los casos, de una manera muy libre y muy humana, lo cual
significa que será una manera muy divina de trabajar. Y esto es lo que
aconsejaría a todos los grupos esotéricos que están trabajando para la liberación
del dolor del alma humana, sea cual sea el nivel donde el alma humana se esté
manifestando: la unidad de servicio, y veo que hay muchas unidades de servicio
en Argentina. Casi cada nación, casi cada ciudad, casi cada región del mapa
terrestre tiene hoy día unidades de servicio, lo cual significa que están
adheridos de una u otra manera a este gran cuerpo social interno del Nuevo
Grupo de Servidores de la Humanidad. Y todas aquellas personas que
deliberadamente trabajen en favor de la Humanidad están ayudadas por el
Maestro, por el Grupo de Maestros, por la Gran Fraternidad y por todos los Ángeles
del Sistema, así que hay que trabajar con optimismo. Si en un principio no
notamos los resultados de la acción, no es que la acción no existe, se está
manifestando vía interna, vía subjetiva, y en el momento oportuno vendrá una
eclosión de vida, de energía, de pureza, de paz y de fraternidad y, entonces,
Uds. se habrán dado cuenta de que realmente han trabajado y de que han sido
bendecidos en su acción.
Conferencia 6 octubre 1985 |
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| Última Atualização ( 10 de marzo de 2010 ) |
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