Dedicado de forma especial a Don Vicente Beltrán Anglada en su Centenario

Vivimos desde hace unos cuantos años momentos importantes desde un punto de vista cósmico. La inauguración de esta Nueva Era viene de la mano del nuevo yoga que nos toca vivir, es decir, el Agni Yoga, el yoga de síntesis, el yoga de fuego,

es el paso que va de la mente concreta a la mente abstracta, el despertar dentro del plano búdico al campo intuitivo, y su vía es la vía del corazón, como bien lo expresa Vicente Beltrán Anglada, un discípulo avanzado de la  presente Era: La Verdad ha de presentarse de tal manera, que convenza sin atar, y atraiga aún sin convencer, esto sólo puede realizarlo el lenguaje del corazón”.

Asimismo han empezado a surgir –dentro de la 5ª sub-raza  de la 5ª Raza Raíz, a la cual pertenecemos–, desde hace unas cuantas décadas, los primeros seres de esta Humanidad incipiente (sexta sub-raza), precursores en el desarrollo de dicho yoga. Y todo este contexto va de la mano de las diversas crisis que actualmente se están produciendo, y que asimismo coinciden  con la próxima Iniciación de nuestro Logos Planetario.

Como vemos, todos estos acontecimientos indican un momento muy especial dentro de lo prolongado que es el tiempo en relación a las Eras, o a los ciclos cósmicos. Ahora, la Humanidad se encuentra en una gran encrucijada, pues ha de responder a las energías que se están desplegando para que los hechos fundamentales dentro del campo evolutivo mayor se cumplan. Todo ello exige la necesidad de ponerse al unísono con las mismas, es por tanto que este momento exige lo mejor de nosotros mismos, y tenemos la posibilidad única de poder armonizarnos con estas energías que se están derramando en forma de fuego creador, constituyendo la posibilidad de dar un salto evolutivo de grandes proporciones.

Surge, por tanto, la pregunta: ¿De qué herramientas disponemos para armonizarnos y estar a la altura de tan magno acontecimiento? El camino del Agni Yoga es la atención continuada, la serena expectación, no es cuestión de aplicar ninguna técnica, ni existe ningún método mágico para llegar a ninguna meta en lontananza.  No podemos atisbar desde nuestra dimensión lo que nuestra mente concreta pueda llegar a imaginar o a vislumbrar con la imaginación, erraríamos en la aplicación de métodos o enseñanzas porque crearíamos obstáculos en el fluir del momento presente y, al contrario, lo limitaríamos. Cuando estamos atentos, simplemente estar atentos, expectantes ante todo cuando sucede a nuestro alrededor, se produce un vacío; este vacío es llenado con la energía de nuestro propio Yo Superior,  y  poco a poco vamos creando el antakarana o vía de acceso o conexión con nuestro Yo Superior. Es la atención la vía de contacto con todos los acontecimientos que nos rodean, es el camino del Agni Yoga, además, ello constituye una responsabilidad del ser humano, o un deber social.

Ocurre, además, que en estos momentos estelares se está produciendo el derramamiento de las energías del 1er Rayo, estas energías que en principio estaban polarizadas, o armonizadas, por la Jerarquía Planetaria, y que ahora pasan directamente a la Humanidad, un Rayo que es el de la Voluntad Dinámica. Así observamos cómo los acontecimientos presentes se desarrollaran a una mayor velocidad, y vemos cómo las crisis son continuadas.  Permanentemente observamos numerosos acontecimientos que turban nuestra mente, es como si necesitáramos soluciones inmediatas ante tanto caos que nos rodea y no hubiera solución alguna ante estas numerosas crisis.

Cuando, como ahora, vivimos tantas situaciones difíciles, el materialismo parece que toca techo, y el mundo parece más desarmonizado que nunca, buscamos precisamente una solución inmediata a todo ello y, por contra, la buscamos fuera. Sin embargo, parece necesario que así sea para que surja un despertar interior y una toma de conciencia mayor a la que normalmente se nos exige. Muchos piensan en la venida de un Avatar que venga a poner orden, sin embargo, la respuesta que se nos da es que la Humanidad ha de responder ante tal situación por sí misma. Parece que la solución y el resurgir a todos estos conflictos están en manos del propio ser humano, pues por antagónico que parezca, el ser humano y Dios son lo mismo, y por tanto la capacidad de enderezar los Caminos del Señor es cosa de todos nosotros.

Actualmente ya, con la desmitificación de los líderes, los dogmas religiosos, los falsos gurús, y un acercamiento mucho más depurado que nos guía hacia las fuentes del verdadero conocimiento, podemos aplicar en nuestras vidas una experiencia más íntima y cercana de nuestra auténtica realidad espiritual, el romper con las estructuras que se nos han impuesto y que no dejan de ser taponamientos a la verdadera realidad de nuestras vidas.

Todo lo tenemos ya, es cuestión de romper conceptos, de dejar los miedos, de despertar a la auténtica realidad de lo que somos, y simplemente lanzándonos a esta gran aventura interior, iremos viviendo y conectándonos a través de estos hilos experimentales, y dentro de esta perfecta tela de araña, a la gran sinfonía universal de la que todos formamos parte.