Vicente Beltrán El Maestro

Vicente Beltrán es un Maestro que de forma sutil ha ido calando en nuestros corazones. Era un amigo de todos. Siempre sabía estar al nivel de las personas de que se rodeaba.... si era necesario hablar de futbol, hablaba de futbol y hasta fumaba un cigarro... cosa que no hacía estando solo. Cuando estaba entre nosotros, era uno más de nosotros. Tenía siempre buen humor, le gustaba cantar y contar chistes... Hasta poco antes de dejar su cuerpo físico, hacia gimnasia como si fuera un hombre joven, siempre estaba en forma, dispuesto a hacer excursiones y jugar con todos.

No alentaba preguntas personales pero cuando en algunas ocasiones se prestaba a ello, tenía una visión que traspasaba espacio y tiempo y captaba muy claramente la condición del interlocutor y acertando plenamente con el consejo  que daba. Nunca aceptó ser tratado como un maestro aunque admitía ser un discípulo...Cuando se subía al estrado a dictar alguna conferencia o charla, daba la impresión de que una columna de luz descendía desde el cielo , se posaba sobre su cabeza y la hacía llegar a toda la sala... El tomaba el verbo y todos quedábamos sumidos en esa meditación mental.

Reunido en grupo era bastante sincero y crítico a la vez. Decía que estábamos juntos pero no estábamos unidos. Por tres ocasiones nos mostró su disgusto al respecto... Nos había dado tanto y no había logrado unirnos... cada cual seguía con sus luchas internas... la integración grupal es una asignatura pendiente para nosotros.



La serena expectación, la atención a la vida y todas sus facetas, el amor a la naturaleza y a todo lo viviente, el servicio desapegado, el estudio y la meditación eran sus consejos constantes para lograr una continuidad de conciencia, con la que podríamos recordar las enseñanzas recibidas en los planos superiores durante el sueño. Sobre sus experiencias, las lecciones aprendidas en esos elevados lugares e incluso sobre Shamballa, nos legó una magnifica y profunda obra, al alcance de aquellos sinceros buscadores de la Verdad durmiente en nuestro interior.

Su sensibilidad y su amistad con los ángeles, le impulsó a escribir tres libros sobre el reino dévico y ponerlo más a nuestro alcance. Gracias a la colaboración del maestro de Bellas Artes Josep Gumí, también clarividente y enamorado de la vida, esos libros contienen una colección de devas, que, en palabras del propio Gumí, de forma juguetona, hacían cola, sobre su mesa, para que él los pintara... todos querían tener su retrato...

Su entrega, su apertura hacia los demás, su compasión por el dolor ajeno, le ocasionaron un cáncer en su cuerpo. Nos dejó sin apenas sufrir por ello... su mayor sufrimiento consistió en saber si su esfuerzo había valido la pena... si había logrado trasmitir su mensaje de unidad de la vida, de serena expectación, del Agni Yoga o yoga del fuego de la mente que hacía posible que pudiéramos dar el paso que nos proyecte hacia los reinos del espíritu, sin ataduras a las enseñanzas del pasado, por muy gloriosas que hayan sido... Yo digo muy sinceramente que sí, Vicente, lo lograste con creces. Tu obra es y será valida por unos cuantos siglos.

XAVIER  PENELAS
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