Estas últimas palabras resumen todo cuanto se ha dicho en este capítulo. No contienen normas de disciplina, ni sistemas especiales de contacto, pero son un permanente desafío a nuestra condición de aspirantes de la Nueva Era, que debemos afirmar los principios espirituales latentes en nuestro interior como experiencia de siglos, con toda la simplicidad posible, con muy pocas palabras, con cada vez menos pensamientos y con un corazón cada vez más sensibilizado por los efluvios infinitos y mágicos del verdadero silencio. Esta simplicidad total, esta carencia de valores donde afirmar nuestra atención inmediata, nos permitirá abrir dentro de nosotros las puertas de la intuición, celosamente guardadas hasta aquí por el Misterioso Guardián del Umbral, pero que no puede resistir por más tiempo el imperioso llamado del Ángel de la Presencia.
«Hay que llegar poco a poco al Silencio del Corazón, sin el cual será imposible obtener la Paz del Espíritu, a fuerza de simplificar nuestra vida lo más que nos sea posible y estableciendo una inteligente distinción entre las cosas realmente necesarias y las que son innecesarias o de carácter muy superficial.»
El silencio es el camino más fácil y más asequible al aspirante moderno y es muy difícil de ser seguido pese a la sencillez con que es presentado. Nunca como ahora -en los umbrales de la Era de Acuario-, tienen tanto valor las palabras de Cristo: no verá el Reino de los Cielos aquel que no vuelva a ser como un niño”, frase entresacada no de los Evangelios, sino de los sagrados textos de la Logia Blanca o Libro de los Iniciados, de donde fueron sacados por aquellos Grandes Seres, Cristo y Juan, como antaño lo habían sido por Krishna y Arjuna, símbolos constantes de Maestro y discípulo, de Ángel Solar y alma humana.
La Jerarquía, los Ángeles Solares y la Humanidad. 1ª edición digital, pág 26
Nunca como ahora será preciso atenerse a las gloriosas máximas de “Luz en el Sendero” resumidas en la percepción del “Grito lejano”, aquel grito, que es la voz del Ángel Solar rasgando desde tiempos inmemoriales los éteres del espacio interior tratando de llegar a nuestros oídos.
De ahí que el único sistema de acercamiento consciente al Ángel Solar de nuestra vida, a nuestro primero y único Maestro, es mantener el oído atento, delicadamente sensibilizado por un gran número de silencios, constante y persistentemente orientados hacia adentro, hacia aquel centro de conciencia que arranca en forma de vida desde el corazón, penetra en la mente y desde allí asciende hacia arriba, hacia las más elevadas cumbres de nosotros mismos, borrando con su estela de luz el recuerdo de pasados errores, de deseos inconsumados y de todo germen de pasión humana.
La Jerarquía, los Ángeles Solares y la Humanidad. 1ª edición digital, pág 27
«…el Mago, el Curador o Taumaturgo ha de haber establecido dentro de sí zonas neutras lo suficientemente amplias como para poder introducir la energía que generan, a través de su mente organizada, en aquellas partes de los vehículos de los pacientes afectados por el desequilibrio producido por el «conflicto de la polaridad». Utiliza muy sabía y definidamente la energía neutra, suma de las polaridades.»
Del libro «Magia Organizada planetaria», capítulo VII.