Cuando lo inmanente y lo trascendente de cualquier ser viviente se han unido o reconciliado en cualquier momento del tiempo y en cualquier lugar del espacio, se produce un milagro de rara y espectacular belleza. Platón lo llamaba ARQUETIPO, la síntesis geométrica de belleza alcanzada por un cuerpo en la vida de la Naturaleza, mineral, vegetal, animal o humano. Pero, existe también en el nivel que sea una energía espiritual que ha logrado redención, siendo psicológicamente perfecta su expresión a través de aquella bendita forma, teniendo en cuenta que no puede haber perfección posible en la vida de la Naturaleza si no se realiza previamente un equilibrio verdadero entre una razón interna, o propósito creador, y una manifestación externa por medio de una cualificada forma geométrica. Tal equilibrio no hubiera sido posible a no mediar el tercer factor, aquel poder aglutinante de la energía material y espiritual al que místicamente llamamos ALMA.
La mente humana ya no lucha ni se extiende horizontalmente a la búsqueda de conocimiento y su corazón se halla desapegado y libre de todo deseo. El Fuego de Kundalini circula libremente entonces por todos los centros etéricos; alrededor del SUSUMMA, IDA y PINGALA se hallan perfectamente equilibrados y el Fuego -tal como místicamente se dice- se ha convertido en LUZ, una Luz que orienta hacia las más elevadas realidades cósmicas. En tal estado de realización el cuerpo físico, ya pertenezca a un hombre o a una mujer, deja de sentir atracciones o estímulos de carácter sexual. Nada ni nadie pueden afectar ya este equilibrio estable en la vida de la naturaleza humana y cuando en el proceso cíclico de la muerte física tal esplendente y cualificado cuerpo arquetípico ha de ser abandonado, la conciencia del alma no se refugia en el Devachán, la zona intermolecular o de descanso angélico en el plano mental, sino que se fusiona absolutamente con la Mónada espiritual, el verdadero y único SER del hombre. Si algún nuevo nacimiento tuviera que producirse en el devenir del tiempo, la Mónada o Espíritu se manifestaría físicamente sin necesidad de sujetarse al ordinario proceso de concepción nacido de la dualidad masculino-femenina que rige para todos los seres humanos que no lograron todavía su perfección individual, sino que será realizado por medio de un ímpetu de amor y utilizando creativamente las fuerzas angélicas del espacio para construir el Vehículo adecuado a la realización de ciertos nobles fines que sólo la Mónada espiritual conoce y sirve. A este Cuerpo de radiante y sublime irradiación que el Iniciado crea con ayuda de los Devas superiores se le llama esotéricamente LINGA SARIRE y tiene la propiedad de no envejecer, de estar libre de enfermedades y de persistir en el plano físico todo el tiempo que sea necesario para el cumplimiento de la obra jerárquica aceptada voluntariamente por la Vida infinita de la Mónada espiritual. Otra de sus propiedades es la de hacerse invisible a voluntad y de surgir inesperadamente de los éteres del espacio cuando así conviniere a los propósitos monádicos. Este Cuerpo, un verdadero TALISMÁN viviente está bajo la custodia de ciertos Devas de elevadísima evolución que hacen circular PRANA de las más elevadas regiones del éter a través de cada uno de sus componentes moleculares, construidos únicamente con átomos seleccionados del cuarto nivel etérico y que son atraídos en virtud de un sonido o Mántram especial que pronuncia el Iniciado cada vez que tiene necesidad de utilizar su LINGA SARIRE para poder manifestarse substancialmente en el mundo.
En estas últimas ideas y consideraciones hallarán Uds. no pocos indicios acerca de la actividad de aquellas gloriosas Jerarquías Dévicas, denominadas en algunas partes de este Tratado Esotérico sobre los Ángeles, Señores de los Arquetipos, Quienes, bajo la suave imposición del Adepto, construyen los Cuerpos Sagrados o Langas Sarires necesarios para el cumplimiento de alguna misión especial en el mundo, siguiendo el criterio universal de la Gran Fraternidad Oculta que guía los destinos espirituales del planeta Tierra…
En una de nuestras conversaciones anteriores tratamos el tema siempre interesante del Karma, relacionándolo con las leyes misteriosas de la gravedad que rigen el proceso infinito de la Creación universal y tratando de hallarle un significado realmente plausible al destino del hombre aquí en la Tierra. Nos introdujimos así en áreas esotéricamente reconocidas como “zonas de Misterio”, o espacios intermoleculares, desde un ángulo de consideración puramente científico. En orden a ello apreciamos que todo cuanto existe contiene una especie particular de gravedad la cual, sin duda alguna, es la causa motivadora del Karma o destino de todos los seres vivientes de la Naturaleza. En virtud de tales consideraciones llegamos a la conclusión de que el Karma es una Ley que se extiende a toda posible creación dentro del Universo y no solamente, tal como creíamos antes, al principio de nuestros estudios esotéricos, al Reino humano. Esta Ley del Karma, consubstancial con el principio científico de la gravedad terrestre, está muy bella y poéticamente descrita en la mística leyenda oriental del BAGAVAD GITA, con sus principales protagonistas KRISHNA y ARJUNA, siendo este último una representación simbólica del aspecto gravitatorio o kármico que le permite a KRISHNA, simbolizando el Espíritu creador, expresarse en Espacio y Tiempo.
Bien, hasta aquí todo parece perfecto. La idea en sí es grandiosa ya que permite unificar todos los principios científicos conocidos con la evolución espiritual del ser humano. Toda substancia psicológica individual, es decir, mental y emocional, procede del principio de gravedad que rige para la Materia, ya que todo el Universo es material y constituye la expresión física de un exaltado Logos Cósmico. El Karma viene determinado por el principio de gravedad, el cual suministra los elementos que producen la substanciación del éter que constituye el Espacio y con esta substanciación la posibilidad infinita de expresión de la vida espiritual. Como irán ustedes apreciando, los conceptos esotéricos se hacen cada vez más técnicos y científicos a medida que el planeta Tierra va introduciéndose en la luminosa faja celeste donde hace sentir su presión y particular gravitación la Constelación de Acuario, la cual condicionará con su benéfica influencia la totalidad de la Nueva Era, una Era singularmente técnica y científica en donde los valores espirituales no tendrán validez para las gentes si no adoptan expresiones rigurosamente mentales y técnicas. Esta condición planetaria a la cual vamos aproximándonos está muy especialmente dinamizada por la actividad del Séptimo Rayo, el Rayo logoico de la Magia, del Orden y del Ceremonial, cuya misión específica es introducir en los éteres planetarios ciertas poderosas energías que han de producir una verdadera Magia de Revelación en el corazón de un gran número de seres humanos. En orden a esta realidad, vamos a asistir durante el curso de los siguientes lustros a una Reconciliación entre las energías del Quinto Rayo de la Ciencia con las del Séptimo del verdadero Ceremonial Mágico, produciéndose entonces un cambio completo en las estructuras religiosas de las Iglesias de todo el mundo, matizadas la mayoría de ellas por las energías del Sexto Rayo de la Devoción, y llevando a todos los creyentes a una verdadera y saludable unificación de todos sus principios religiosos, los cuales adoptarán como única divisa de sus enseñanzas y de sus doctrinas a la Fraternidad de los Corazones. El proceso dogmático que caracterizó en el pasado las manifestaciones específicas del Sexto Rayo, el cual progresivamente va desapareciendo y “ocultando su Faz” -tal como esotéricamente se dice- cerrará su ciclo de expresión y dará lugar a una reconciliación perfecta de la Religión y de la Ciencia, abriéndose con ello las perspectivas de un orden social más justo y equilibrado. Como fruto de este mutuo acercamiento veremos aparecer progresivamente en la Tierra los nuevos ideales, aquellos que llevarán directamente a la criatura humana a la exacta comprensión de su destino creador y a la consumación de sus ansias infinitas de comprensión y de liberación.
“Conversaciones Esotéricas”, págs 159 1ª Edición Electrónica.
Bien mirado, y siendo conscientes de la gran herencia espiritual del pasado, vemos que ya el Señor BUDHA había descrito con palabras muy sencillas que iban directas al corazón de los hombres, la ética natural del AGNI YOGA: «La Verdad se halla por doquier, en el aire, en el mar, en el silencioso retiro de los bosques o en el tumultuoso fragor de las grandes poblaciones. Para descubrirla deberéis contemplarlo todo con suave atención y sencillez, más allá del placer de los sentidos y de las figuraciones mentales que sólo os traerán confusión y sufrimiento». Esta contemplación clara y sencilla de la Verdad recomendada por el Señor BUDHA puede ser realizada desde el centro místico del corazón, el corazón, el centro espiritual que se desarrolla por medio del Agni Yoga, que siendo el Yoga de Síntesis es, al propio tiempo y por ley de analogía, el Yoga del Equilibrio perfecto entre todas las razones aparentemente contradictorias de la Vida… La búsqueda de este centro de serena reconciliación constituye la gran aventura del AGNI YOGA, el Yoga de los discípulos de la Nueva Era, pero que puede ser compartido, sin embargo, por todos los aspirantes del mundo llenos de buena intención y de gran amor por la Síntesis.
Extracto tomado del libro “Introducción al Agni Yoga”, págs 28 1ª Edición Electrónica.
Conferencia 13 septiembre 1984