Vicente Beltrán es un Maestro que de forma sutil ha ido calando en nuestros corazones. Era un amigo de todos. Siempre sabía estar al nivel de las personas de que se rodeaba…. si era necesario hablar de futbol, hablaba de futbol y hasta fumaba un cigarro… cosa que no hacía estando solo. Cuando estaba entre nosotros, era uno más de nosotros. Tenía siempre buen humor, le gustaba cantar y contar chistes… Hasta poco antes de dejar su cuerpo físico, hacia gimnasia como si fuera un hombre joven, siempre estaba en forma, dispuesto a hacer excursiones y jugar con todos.
No alentaba preguntas personales pero cuando en algunas ocasiones se prestaba a ello, tenía una visión que traspasaba espacio y tiempo y captaba muy claramente la condición del interlocutor y acertando plenamente con el consejo que daba. Nunca aceptó ser tratado como un maestro aunque admitía ser un discípulo…Cuando se subía al estrado a dictar alguna conferencia o charla, daba la impresión de que una columna de luz descendía desde el cielo , se posaba sobre su cabeza y la hacía llegar a toda la sala… El tomaba el verbo y todos quedábamos sumidos en esa meditación mental.
Reunido en grupo era bastante sincero y crítico a la vez. Decía que estábamos juntos pero no estábamos unidos. Por tres ocasiones nos mostró su disgusto al respecto… Nos había dado tanto y no había logrado unirnos… cada cual seguía con sus luchas internas… la integración grupal es una asignatura pendiente para nosotros.
Tal como nos había aconsejado oportunamente el Maestro “la receptibilidad telepática era un resultado de nuestro trabajo de silencio mental”. “Cuando vuestra mente sea enteramente vulnerable -nos decía- y su actividad natural sea la serena expectación, entonces seréis realmente telepáticos, no sólo para recibir mensajes mentales, sino también para consciente y adecuadamente transmitirlos”
«En algunas ocasiones, cuando el torbellino de las humanas pasiones ha llegado a un cénit, o frontera de lo permitido, pasada la cual la prueba más dura y el peligro más cercano es el «retorno hacia los viejos valores trascendidos», con su secuela de vicios, defectos, contrariedades y temores, un fúlgido rayo de luz conteniendo resolución y esperanza inunda nuestra vida, dándonos una visión más serena de las cosas y aquietando nuestro estado de ánimo. Esta luz proviene de nuestro Yo superior, de nuestro Ángel Solar.»
Del libro La Jerarquía, los Ángeles Solares y la Humanidad, capítulo III.
La Serena Expectación se basa en una atención muy profunda y expectante sobre todo cuanto sucede dentro y fuera de nosotros, y cuando se ha producido esta atención nos damos cuenta que se ha producido un silencio. La atención no está conectada jamás con la fuerza del Ego, la atención es cosa de la mónada, del espíritu.
Al preguntarle un día al Maestro por el significado íntimo de la serena expectación nos contestó que… La serena expectación surge de la intención espiritual o propósito monádico, pero para que esta intención pueda introducirse en el alma, precisa de las dotes de atención natural previamente desarrolladas -al menos hasta cierto grado- por los discípulos espirituales del mundo. La línea de comunicación entre la intención espiritual y la atención mental se halla en el centro Ajna, teniendo este centro su doble vertiente: una de carácter superior que asciende hacia el centro coronario y otra inferior que desciende hacia el centro cardíaco, la sede principal del trabajo del discípulo.