Bien, si hemos comprendido exactamente todo cuanto estamos hablando de Shamballa, si tenemos en cuenta que no cae una hoja del árbol sin que lleve en sí la bendición del Señor del Mundo, ¿cómo podemos suponer que no estamos constantemente ayudados en este empeño de regresar a las fuentes espirituales de donde procedemos? El misterio es este, tratar de darse cuenta, como decía anteriormente, de que hay una fuerza interior que nos lleva adelante, una fuerza que si dejamos que trabaje en nosotros nos ensalzará hasta cumbres insospechables, que nos convertirá en Dioses en funciones aquí en la Tierra, no simples máquinas vivientes que estamos siguiendo un proceso sin que nos demos cuenta de lo que estamos haciendo, que creamos maquinarias que tratan de medir el orden cósmico, que estamos trabajando siempre técnicamente para crecer en técnica, y que la técnica no ha producido el despertar del amor en nuestro corazón. Sólo la comprensión del momento que estamos viviendo, no el movimiento aparente de lo que estamos viendo a nuestro alrededor, que nos deprime, que causa una sensación de soledad, sino hacernos uno con el misterio que surge de lo más profundo de nuestro Ser, y ser conscientes al propio tiempo de que podemos realizarlo, de que no somos unas máquinas vivientes llevados adelante por un maquinismo que nosotros mismos nos hemos impuesto, y llegar al momento cumbre en la evolución en que siendo tan conscientes de esta verdad nos decidamos a actuar, y la actuación de momento es estar atentos a todo cuanto sucede, no ver la apariencia de las cosas, no hacer caso de aquello que el ambiente trata de introducir falazmente en nuestra mente y en nuestro corazón, sino ser conscientes de que nosotros somos uno con la Verdad, uno con la Vida y uno con el Amor de Dios, y que hay que hacerlo de una manera libre y desapasionada, hasta llegar un momento en que realmente podamos ser llamados con justicia Hijos de Dios.
Conferencia 23 abril 1986
En el estudio que haremos acerca de los discípulos del Ashrama, la palabra «vinculación” tendrá siempre una relación con la analogía universal. La función de los Ashramas, es precisamente establecer este fin vinculativo. Son ellos el intento que lo divino hace, en su gracia infinita, para acercarse a los hombres y compartir con ellos el trascendente Secreto de su propia Vida. La “vinculación” como ley de la Naturaleza tiene directa relación con los Misterios Sagrados de la Divinidad.
Dentro de una lógica sencilla y fácilmente comprensible, vemos que el Reino de la Felicidad está al alcance del hombre que vive en paz consigo mismo y no se esclaviza al fruto de sus acciones. La mente de este hombre, como la del Ángel, no fragua ambiciones y posee una impresionante sencillez de ideas y pensamientos que constituyen la antesala mística aunque potentemente dinámica de la Creación. Pues -tal como decía JEZASEL – “La sencillez debe estar en la base del hombre sabio haciéndole acreedor a la potencialidad del Verbo sagrado y a los sonidos de los mántrams invocativos”.
«Los Ángeles en la Vida Social Humana. 1ª Edición electrónica, pág 149
Pregunta: Me gustaría que hablara de la inofensividad y de la impersonalidad como condiciones previas para un servicio creador y para alcanzar la Iniciación.
Vicente.- Daos cuenta de que la impersonalidad y la inseguridad son dos cosas que están muy relacionadas. Cuando estamos inseguros estamos en un estado completo de inofensividad. Porque, como decía ayer –quiero insistir en este punto–, en los educadores actuales –espirituales y no espirituales– no hay impersonalidad. Cada cual se arroga el derecho de ser un gurú, que trae una definida enseñanza; esa enseñanza la hace propia –no la hace impersonal–,olvidando que su mente transmite verdades que están establecidas desde el principio mismo de los tiempos y que no tenemos nada que no tengan los demás; no transmitimos más que aquello que comprendemos del Plan y en forma impersonal, aquello que suscita una respuesta de lo que hay ya dentro de los demás.
Naturalmente, si personificamos nuestras actitudes, si estamos condicionados por el complejo mesiánico (y esto es muy general), entonces esta falta de impersonalidad hace que no podamos suscitar una respuesta de las verdades contenidas dentro del corazón de aquellos a quienes estamos hablando.
Adquirimos una grave responsabilidad, la responsabilidad de hacer nuestro, aquello que pertenece a todos. Naturalmente, estamos tan condicionados por el miedo y el miedo se extiende a todas las zonas psicológicas del Ser, que tenemos necesidad todavía de aferrarnos a algo que sea muy objetivo y ahí afirmamos nuestra personalidad, no la impersonalidad. Esta seguridad, incluso la seguridad de que tenemos que levantar una estructura y que los demás tienen que contemplar con reverencia esta estructura. Y esto sucede más de lo que frecuentemente creemos. Que la gente, por el sólo hecho de ver reflejado el ser que se abroga el derecho o la capacidad de ser maestro, de ser gurú en algo, debido a que la gente por su parte está buscando seguridades, se aferra a aquellas personas, precisamente a aquellas que se abrogan tales derechos sin ser merecedores de ellos. Porque no es maestro ni es gurú aquél que quiere, sino aquél que puede. Que los frutos dan fe de lo que es el árbol y el árbol es conocido por la bondad de sus frutos. Y en lo que corresponde al educador, los frutos son la impersonalidad. La impersonalidad de por sí, suscita lo mejor que hay dentro del corazón de los seres humanos, viene de una manera espontánea por este poder de síntesis que nos lleva a la propia impersonalidad, que está más allá de los conflictos, de la separatividad. Y al llegar a este punto, veréis de qué manera ha sido prostituido el conocimiento esotérico a través del tiempo para llegar finalmente a esta especie de vértice inferior en el que se congregan tantos prejuicios, tantos miedos y tantas faltas de responsabilidad.
La Venida del Instructor del Mundo – 1ª Edición Electrónica VBA, págs 37 y 38