Interlocutora. — Qué preciosidad es cuando se encuentran verdades en nuestro interior, entonces es cuando el ser empieza a ser universalista porque comprende que todo es verdad en el Todo y, entonces, es cuando comprende, o sea, sabe respetar la verdad de todos, porque como tú has encontrado en ti la verdad que te regocija pues, claro, comprendes que todo está en el Todo. Cuando descubres esta verdad yo encuentro una grandeza infinita, y con respecto a la atención, si verdaderamente estuviéramos atentos como tú dices, toda la vida es un símbolo que nos habla, todos los aspectos nos hablan de la manifestación, o sea, podríamos decir de Dios, o del reflejo de Dios.
Vicente. — Exacto. Si Dios está en todo, está también en los acontecimientos sociales. En consecuencia, una persona debe estar atenta a todo cuanto ocurre, estado que técnicamente podríamos decir informar de todo cuanto ocurre, porque eso es atención; la atención no es que ahora estemos aquí en esta pequeña sala y sea fácil el aprender la atención. La atención es total, porque trasciende el límite de lo individual, de lo familiar y de lo pequeño social que nos rodea, para trasplantarse o trascender al ambiente cósmico, y esto naturalmente lo han olvidado los inveterados creadores de disciplinas; y más, cuando a una disciplina se le asigna una cantidad todavía es más grave el error, el karma podríamos decir, porque no puede haber componenda entre el hombre y Dios, siendo que el hombre es Dios en esencia, limitado solamente por la substancia de sus cuerpos expresivos. Si introducimos a través de la aspiración superior, manifestada en forma de atención, un contenido cada vez más sutil a nuestros vehículos, éstos perderán peso, la mente no se sentirá ligada al intelecto aunque podrá utilizar el intelecto simplemente para expresar verdades, tampoco se sentirá ligado al corazón porque las emociones violentas no tendrán cabida en él, debido a que cada vez parcelas más prodigiosas de sentimiento creador están introduciéndose en el corazón y están haciendo que reconozca la verdad en cada cosa y en cada situación. Y cuando se ve reflejada la verdad desde el corazón en la verdad de todos los corazones, entonces, somos fraternales, no antes. Ya estamos cansados de emplear términos como Dios, fraternidad, verdad, suntuosidad máxima, aspiración de una manera simplemente emotiva o intelectual. Hay que prestarle todo el alcance del movimiento mental a la búsqueda de la verdad y el corazón debe asentir, debe estar dispuesto a darlo todo. Es la única manera en que el hombre se hace fraternal.
Conferencia de 10 de diciembre de 1977
11 septiembre 2008
Conferencia de 10 de diciembre de 1977
4 septiembre 2008
No hay ningún iniciado, del grado
que sea que sea, que no sea un servidor de la humanidad, y el trabajo grupal de
la Jerarquía, la expresión de nuestra Gran Fraternidad Blanca consiste en la
ayuda mutua, en el amor sin medidas, en el amor impersonal, en el sentido cualitativo
de valores, no en la búsqueda de facultades y de opiniones.
Por tanto, diría que estamos
siendo iniciados en grupo cuando estamos juntos amparados en la fe de un mismo
ideal y que, por lo tanto, no es cuestión de discusión la iniciación sino que
es un descubrimiento que deberemos realizar cuanto más pronto mejor. Que
tampoco es una ofrenda, una dádiva, o una herencia de los dioses, si no que es
la exigencia del hombre responsable de nuestros días y de cualquier momento
histórico de la humanidad, y veremos iniciados en todas las partes del mundo,
en todas las religiones, en todas las creencias, en todos los ideales, en todos
los departamentos de trabajo, y nosotros aquí varados en el tiempo estamos discutiendo una pequeña cosa. Discutimos la obra de Dios, la
hacemos tan pequeña y tan mezquina que prácticamente no podemos descubrir lo
que es Dios. Estamos analizando su obra sin tener la mente cualificada para
analizarla. Mejor que analizar la obra de
Dios sería sentir la obra de Dios y que el sentimiento de la obra de Dios, que
el corazón desbordante, no de pasión humana sino de éxtasis divino se
constituyese en una bendición para el mundo, en un sentido tan profundo y
cualitativo de valores que nosotros fuésemos realmente una bendición del mundo,
que fuésemos unos espíritus de Luz, que fuésemos testigos del Plan y servidores
de la obra de la Divinidad. Y así en silencio, en medio del tumulto de la vida
social, en medio de las crisis y de las dificultades inherentes a este estado
caótico delmundo, en esta crisis iniciática del propio Logos Planetario pudiésemos aportar
nuestra colaboración, que fuésemos conscientes hasta lo más profundo, y que
descubriésemos aquello que constituye el nervio de toda criatura viviente, no
importa qué reino, no importa en qué corazón se aloje la Divinidad, ella está
allí, en toda su gracia y en toda su plenitud. Creo que es lo más sencillo y lo
más conmovedor que se puede decir acerca de la iniciación.
No se trata de algo intelectual,
se trata de que nuestro corazón vibre al unísono con toda la naturaleza, empezando
con aquellos seres que nos rodean, nuestros familiares, los amigos, nuestro
grupo, hasta llegar al centro del propio Dios. Si llegamos a este punto, todo
cuanto podamos decir acerca de la iniciación será algo vacío, se ha perdido el
éxtasis de la permanencia, el cristal se ha oscurecido cada vez que estamos
intentando explicar el misterio. Pero, ¿qué pasará si nos convertimos nosotros
en el propio misterio, si en vez de analizar los atributos, las facultades,
las cualidades del amor, nos convertimos en propio amor? Y lo mismo sucede con
la actividad creadora de la mente, que sea un receptáculo de las energías
divinas más que en un centro de batalla donde existe el pugilato de
valores psicológicos de la Humanidad.
Finalmente, diremos que no es una prerrogativa la iniciación, es un imperativo
de nuestra era, es un deber social, es la vida en de nuestro corazón.
Conferencia 8 de noviembre de 1981
Conferencia de 8 de noviembre de 1981