El secreto de la Creación en la propia vida humana

Muchos aspectos de este Tratado deberán ser considerados más con la intuición que con el juicio analítico, más con el corazón que con la mente. Se trata de introducirnos en el secreto mismo de la Creación y tal secreto, por paradójico que parezca, forma parte de la propia vida humana constituyendo el dinamismo de la acción particular regida por una actividad cósmica, de la misma manera que los átomos que constituyen nuestros vehículos de expresión en cada plano obedecen a nuestra propia evolución espiritual y, pese a su extraña pequeñez y aparente insignificancia, tienen asignada también la revelación de un secreto cósmico.

 

Adaptación y liberación

Hay que surgir triunfantes, hay que tratar de adaptarse a la Voluntad de Dios, no oponerse a Ella, y para ello necesitaremos mucha comprensión, mucha comprensión. Darnos cuenta, como les decía al principio, de que la única manera de no poder intervenir directamente en los asuntos del Padre, porque los desconocemos, lo menos que podemos hacer es no anteponer nuestra voluntad a la Suya, lo cual significa -si ustedes son analíticos- no oponerse a la voluntad del hermano, a la voluntad de las circunstancias, al propio Karma, a su propio destino. El destino sólo se libera cuando lo aceptamos, no cuando luchamos contra él. Por lo tanto, no podemos erigir un nuevo código de valores basados en la resistencia; toda resistencia, toda disciplina es contraria a la ley, pero hay que darse cuenta muy profunda y analíticamente de esta cuestión, pues puede parecer que les digo: “dejen su voluntad, no trabajen, no luchen”, pero el mejor de los trabajos, hermanos míos, es adaptarse a las circunstancias, no luchando contra ellas; es la primera y gran verdad, pues si ustedes no luchan, si ustedes se adaptan; sin daros cuenta se convertirán en la Verdad, en el Camino y en la Vida y podrán actualizar valores permanentes y no traficar con valores relativos.
 
Conferencia de 16 octubre 1985

 

La libertad genuina de la Vida

El hombre, o el ser humano, siempre tiene ante sí a la Vida de Dios reclamando su atención incesante. No se trata de meditar siguiendo una disciplina determinada para alcanzar esta suprema realidad, no se trata simplemente de alcanzar ciertos grados del Yoga supremo de la acción; se trata simplemente de comprender, de estar atentos a todo cuanto sucede dentro y fuera de nosotros mismos; si olvidamos esta ley se perderá en nosotros el éxtasis de la existencia, pues en el fondo buscamos este éxtasis, esta felicidad suprema que no nos han dado todavía las religiones, los movimientos políticos, religiosos y económicos dentro de nuestra sociedad organizada.

Como les decía y voy a terminar para que hagan preguntas ustedes en cantidad, diré solamente una cosa: todo está en ustedes, todo está en mí, todo está en nosotros. No se trata de buscar una nueva fórmula, un nuevo ideal, un nuevo Maestro, un nuevo Gurú; todo esto ha fracasado. Los movimientos espirituales con guías siempre fracasarán porque la ley del hombre es el propio hombre, es la Vida, la Verdad, el Camino. Solamente existe una ley, la ley que nada tiene que ver con organizaciones de tipo social, o religioso, o económico, es  la libertad genuina de la Vida en nuestro propio corazón. Tratemos de hallarla ahí.

 

El Maestro está aquí

El Maestro está con ustedes, está aquí, ya jamás podemos separarnos de este vínculo superior. Dense cuenta de que el Maestro es una realidad en el corazón; no es una figura romántica que hemos situado en la cumbre de nuestros ideales, inaccesibles; ustedes podrán experimentar la vida del Maestro cada vez que ustedes trabajen en Su nombre, pues la Luz del Mundo no puede reflejarse si no es a través del corazón de todos y cada uno de los seres humanos que han comprendido el sentido de la vida y lo que es realmente la Fraternidad viva del corazón.

Conferencia de 14 octubre 1985

Esto es serena expectación

Hay que recordar pues, no aquí —señala el cerebro—, sino aquí —señala el corazón— en estos momentos, que no sea sólo un registro memorial sino que constituya una experiencia y que cuando ustedes hablen de serena expectación a otras personas, no les digan que viene motivado por un método o un sistema o una disciplina, sino porque ustedes están simplemente atentos, observando tan atentamente que ya no puede existir espacio vacío entre ustedes y cualquier interlocutor, sea de la clase que fuere, incluso observando una planta, una flor, un árbol. Si están atentos percibirán la vida del árbol que es la vida del propio Dios, y si están ustedes deleitándose  con el perfume de una flor, no den movimiento mental a esta flor, experimenten el perfume; esto es precisamente lo que se intenta en la Nueva Era a través de la serena expectación; y la atención, como decía, nada tiene que ver con la mente, la mente es sólo el receptáculo de la atención, la atención está arriba; es el espíritu. Por tanto ¿qué sucede cuando están ustedes muy atentos? que la mente desaparece porque no es la mente la que está fraguando la atención sino que es un vehículo vacío, lo cual quiere significar que está lleno de plenitud a través de la cual el espíritu se pone en contacto con todo cuanto le rodea y esto es serena expectación.

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