La INTENCIÓN es el móvil primero de la Creación.
La Necesidad de expresión de cualquier Entidad psicológica humana, planetaria o solar, obedece a razones kármicas de la más elevada trascendencia.
Hay un Poder soberano que incita a la acción basado en esta necesidad expresiva de cualquier tipo de karma, asignándole al karma un sentido muy especial, muy nuevo podríamos decir, con respecto a las formulaciones esotéricas del pasado, el de Entidad o Individualidad Psicológica.
Cuando hablamos de Intención al referirnos a la estructuración de un Universo, tenemos en cuenta la visión dévica que es, en definitiva, la que debe informarnos acerca del Gran Secreto Alquímico que produce y determina cualquier posible manifestación universal.
La Intencionalidad de Dios, o el carácter permanente de Su deseo de manifestarse por efecto de la presión kármica que constituye el aspecto positivo y dinámico de Su naturaleza creadora, dinamiza los éteres del Espacio, los vuelve incandescentes y los hace moldeables para la actividad de los Ángeles, desde los poderosísimos MAHADEVAS que son el aspecto inmediato y ejecutor de la Intención Divina hasta los diminutos elementales de la Naturaleza, que en los más apartados e ignotos confines de un Plano construyen los soportes más densos que corresponden a la sustancialidad etérica de aquel Plano.
Hemos dicho «sustancialidad etérica» o el aspecto material del Universo y quisiéramos recordar al respecto lo dicho por Mdme. BLAVATSKY en «LA DOCTRINA SECRETA» de que Espíritu y Materia son esencialmente la misma cosa, que el Espíritu es Materia de la más sutil, elevada y cualificada vibración y que Materia es el Espíritu descendido a su aspecto más objetivo, pesado o gravitatorio. Así, pues, utilizamos el término «sustancialidad etérica» en el sentido esotérico de materialidad, admitiendo que la sutilidad o la densidad de un Plano dependerán siempre del grado en que el Espíritu predomine sobre la Materia o el de la Materia sobre el Espíritu en aquel Plano. Esta idea deberemos tenerla muy presente cuando tratemos de examinar críticamente la actividad del Señor RAJA, MAHADEVA o ARCÁNGEL que se expresa ya sea a través del Plano Monádico, de indescriptible sutilidad, o por medio del Plano Físico, cuya Materia es mucho más densa y ponderable.
La INTENCIONALIDAD de Dios es la misma en ambos casos, ya que son parte de su misma Voluntad, pero la forma de actualizarla y la índole de los materiales utilizados en la construcción del Plano diferirá sensiblemente por sus grados de sutilidad, entendiendo científicamente por «sutilidad» ciertas modificaciones de dicha Voluntad en orden a la creación del Universo. En nuestro Sistema Solar, como esotéricamente es sabido, son SIETE estos niveles o Planos de Conciencia de la Divinidad creadora, SIETE los Grandes Arcángeles o Mahadevas que ejecutan Su Voluntad y SIETE, en definitiva, las grandes Corrientes de Energías, denominadas técnicamente RAYOS, que surgiendo del inmaculado Centro de Vida de Su Corazón, vitalizan e integran la totalidad del Universo.
Extractos tomados del libro «Las Fuerzas Ocultas de la Naturaleza»
Todo cuanto existe en la naturaleza es la obra de Dios a través del hombre, no se olviden de ello, y tenemos el deber de ser creadores en todo momento, pues si lo somos tendremos a nuestro favor la voluntad y el propósito de las Altas Esferas, tendremos ante nosotros el cuadro vivo de los arquetipos que todos podríamos desarrollar. Volviendo a los arquetipos, cada uno de nosotros tendría que hacer de su vida un arquetipo de perfección, un arquetipo de síntesis, un poder supremo que llevase adelante ciertas fuerzas de parte del Señor del Mundo, el tremendo desafío de la existencia organizada.
Bastó sin embargo, que mi amable guía pronunciase un indefinible aunque agudísimo mántram para que depusiesen inmediatamente su actitud y se apartasen respetuosamente cada cual a un lado de la puerta. Esta fue abriéndose entonces silenciosamente y penetramos en otra galería menor que nos condujo a una Estancia muy espaciosa e intensamente iluminada, donde se hallaban reunidas muchas personas, todas ellas en místico y religioso silencio. Nadie pareció advertir nuestra presencia, pero mi amigo R., tomándome del brazo me condujo a un lugar determinado donde pude distinguir a algunosde mis condiscípulos más avanzados del Ashrama, quienes me sonrieron muy afectuosamente. Esta fue la primera vez en esta presente vida que penetré conscientemente en uno de los Santuarios secretos de SHAMBALLA. Me enteré a su debido tiempo, de que aquella ‘Estancia’ estaba destinada a infiltrar fuerza y responsabilidad en el alma de los discípulos espirituales del mundo, convenientemente cualificados en el orden interno. (La Fuerza y la Responsabilidad constituyen los dos ejes mágicos de la evolución superior del discípulo, alrededor de los cuales se van tejiendo sus características de Servidor del Plan.)
Cuando están atentos se produce un fenómeno en nosotros, es el fenómeno que están tratando de buscar a través de las disciplinas variadas, todos los yogas y todas las fuerzas mentales que entran en juego en determinados ejercicios, porque cuando decimos: “voy a meditar”, ¿qué hacemos realmente?, estamos separando de la totalidad de nuestro día, unos minutos, una hora, o lo que sea, para dedicarlo a la meditación y, ¿qué hacemos después?, ¿estamos meditando después? Entonces, la meditación no es un recogerse aparte de todo lo demás, y hay que ser muy inteligente para meditar y no quedar preso en la propia meditación.
Es decir, que si vivimos atentamente, siempre, en todos los momentos, llegará el momento en que nos daremos cuenta de que «este yo» que tratamos de destruir porque su base es falsa, se ha convertido en el verdadero Yo superior, es decir, sin darnos cuenta hemos ido pasando de la inmanencia de nuestra humilde condición humana a la trascendencia del propio Dios, no hemos creado esquemas, no hemos creado metas, no hemos creado ejercicios, no hemos creado nada que pueda separarnos de la Verdad, pues el hombre es la Verdad, el hombre es el Camino, el hombre es la Vida, la Verdad, el Camino que conduce a la Vida, y esto somos nosotros, ¿y cómo vamos a crear una disciplina sobre aquello que somos nosotros sin crear al propio tiempo dentro de nosotros mismos una frontera que nos separa de la propia Verdad? Querer a Dios, por ejemplo, desear a Dios, es una dualidad, sólo cuando dejamos de desear a Dios lo tenemos ya, sólo cuando dejamos de utilizar la barrera, la limitación de una técnica, nos estamos acercando a aquello que carece de técnica, a aquello que es supremamente vívido y eterno, y a esto me remito. Si Uds. aquí están atentos, expectantes, cálidamente vibrantes, sintiendo en su corazón esta serenidad que solamente puede producir aquello que está más allá de la técnica, Uds. progresivamente se irán liberando, y entonces se darán cuenta de que en los momentos actuales las técnicas tienen que reducirse al máximo para que impere el deber social, y el deber social es la atención: la atención al hermano, la atención a los grupos, la atención al propio espíritu de uno mismo. Esta es mi opinión que honradamente les ofrezco.
Conferencia de 7 de octubre de 1985