Interlocutor.—Usted dijo: el Espíritu de Cristo es mi esperanza de gloria. Nos puede hablar algo de esa gloria.
Vicente.—Bueno, esta es una afirmación de Pablo de Tarso, es decir, de este iniciado que la iglesia considera como San Pablo. Cristo es no sólo una entidad sino un estado de conciencia. Si es una entidad la consideraremos tan aparte de nosotros por su propia evolución que la perderemos de vista como sucede con todo cuanto tiene que ver con el Reino de Dios. Si consideramos que Cristo es algo en nosotros como conciencia entonces a Cristo lo consideraremos como nosotros mismos cuando estamos en contacto con la Divinidad, es decir, que cuando el individuo, el ser humano, tiene paz en el corazón podemos decir que Cristo está en él como estado de conciencia y que en virtud de ese estado de conciencia, surge de su corazón una luz que lo conecta con el propio Cristo como entidad, considerando a Cristo como el Maestro de Maestros, como el Maestro de los Ángeles y el Maestro de los hombres. Entonces, existe siempre esta alternativa, la alternativa que va del pequeño ser personal inferior, que es el Cristo desconocido como estado de conciencia hasta la Entidad Crística representada en los niveles causales por el Yo Superior o Ángel Solar. Es decir que cuando esta entidad que llamamos el Ángel Solar en virtud de nuestra propia vida espiritual y nuestras actividades correctas se asienta en el corazón del hombre podemos decir con justicia: Dios está en mí, yo estoy con Él, no hay separación, la Luz del Mundo está en mi luz y mi corazón late al impulso del gran Corazón Solar.
Conferencia de 19 octubre 1985
Interlocutor.—Los dones, según el Cristianismo, son un servicio al prójimo y no para nuestro progreso espiritual, ¿cómo se hace para que estos desarrollos de dones no sean un impedimento para el discípulo y no sean una autoafirmación del ego?
Vicente.—Buena pregunta. ¿Qué es exactamente un don? Los llamados dones, la gracia santificante, el poder de realizar algo superior a lo normal es consecuencia de un contacto con el Alma o Yo Superior o que el Alma ha logrado expresarse muy activa y profundamente a través de sus vehículos de manifestación. Vemos por ejemplo un gran poder que es la clariaudiencia o la clarividencia, o la psicometría, o la ubicuidad, una serie de poderes que nos vienen legados todavía desde la época atlante, pero debo ser muy específico y muy claro al respecto, cuando un discípulo penetra por primera vez en un Ashrama del Maestro tiene que dejar, ya como premisa, sus poderes en la entrada, debe entrar puro e inmaculado, porque si no hay pureza, el poder psíquico, los dones, pueden convertirse en algo negativo en vez de ser algo realmente afirmativo. Al dejar el discípulo sus armas en los dinteles de la puerta, en los umbrales del Ashrama, indica que tiene que pasar a un estado superior de conciencia dentro del cual los dones no le son necesarios ni tampoco los poderes psíquicos, estos poderes, estos dones benditos de la naturaleza del Alma le serán concedidos entonces más adelante cuando haya adquirido una cierta elevación espiritual que le capacitarán para utilizarlos debidamente. Son los grandes atributos de los Iniciados los poderes psíquicos; pero los Iniciados saben cómo utilizarlos sin quedar apegados al fruto de sus acciones. Esta es la primera de las Grandes Leyes de la Iniciación. Primero, tenemos una personalidad dotada de muchos poderes, de muchos dones que son su herencia del pasado, después, viene en el correr del tiempo, un estado de conciencia dentro del cual se da cuenta de que los poderes le atan a la Tierra, o le atan a sí mismo, entonces empieza sutilmente a dejarlos a un lado de su vida, a no utilizarlos, a dejarlos tal como es de ley, en los umbrales del Ashrama o situarlos bajo el umbral de la conciencia. Después viene la Iniciación que es la penetración en ciertas áreas definidas de la Vida de Dios y, en ciertas Iniciaciones, son recuperados todos los dones y todos los poderes porque entonces el Iniciado utilizará estos dones, estos poderes o estas facultades, para servir a la humanidad y no para servirse a sí mismo. Tal es la Ley, y tal es la Realidad que yo he aprendido en el Ashrama.
Conferencia de 19 octubre 1985
Interlocutor.—Cuando usted se refiere a la Fraternidad Blanca, viene a mi recuerdo algunas órdenes que se titulan tradicionalistas y sitúan ese término en un nivel solamente esotérico ¿usted también lo interpreta así?
Vicente.—¿La Gran Fraternidad Blanca, por ejemplo? Naturalmente, la Gran Hermandad Blanca o la Logia Blanca del Planeta, está ubicada en ciertos lugares secretos de la Tierra, pero se expresa muy, muy objetivamente, a través de los Discípulos Mundiales. Esta Fraternidad está establecida según un orden jerárquico muy particular y al propio tiempo trascendente, viene por jerarquización, y cada uno de los miembros de este Gran Centro que llamamos Fraternidad, se ocupa principalmente de ciertos Departamentos de Trabajo en el Mundo, sea el Departamento de la Política, de la Ciencia, de la Filosofía o de la Religión, o el Departamento que fuere. Entonces, cuando estos Emisarios, por decirlo de alguna manera, establecen contacto con seres humanos lo suficientemente esclarecidos, comprensivos y de buena voluntad, les atraen misteriosamente hacia la Fraternidad. Puede que los seres humanos no se den cuenta exactamente cómo y de qué manera son absorbidos hacia esta Gran Fraternidad, se sienten llevados hacia adentro, pues siguen una línea totalmente distinta de la totalidad de los seres humanos, y cuando el contacto es muy específico, entonces, a esta persona que penetra dentro de los límites o fronteras de esta Gran Fraternidad se les llama Discípulos o se les llama Iluminados o personas que buscan a Dios, sea cual fuere el aspecto social de su vida y sean cuales fueren las diferencias que surgen en su vida social-kármica. Lo que sí intento decir es que la Fraternidad Blanca está aquí y ahora, entre ustedes, dentro de ustedes, y que todos son llamados y todos serán elegidos, que no existe una diferenciación específica entre ustedes, los Discípulos, los Iniciados y los Adeptos; que la Iniciación constituye solamente unas metas relativas que conducen a metas más amplias. Esta es la primera de la Grandes Leyes del Aprender con respecto a la Gran Fraternidad.
Interlocutor.—Tengo una pregunta sobre el tema de las relaciones, las correctas relaciones. Esas correctas relaciones ¿empiezan…, tienen que ver con la relación de pareja?, que me puede decir de ello.
Vicente.—Las relaciones humanas se basan siempre en el amor. Si no existe amor no existe relación, existen lazos de conveniencia y desdichadamente vivimos mucho de las conveniencias sociales porque no hay amor. No podemos apoyar una sociedad como la actual, llena de grandes tecnicismos, apoyándonos todavía en la ambición personal porque la técnica nos ayudaría a destruirnos los unos a los otros. Pero si hay amor, si realmente estamos interesados en descubrir el amor en el corazón, veremos que surge a nuestra opción un camino supremo de redención de la Raza y ésta es la correcta relación humana que nace de la buena voluntad.
Interlocutor.—¿Qué implicanciones espirituales tiene la alimentación con carne?
Vicente.—Bueno, usted sabe que ésta es una de las grandes preocupaciones del discípulo. El discípulo o la persona espiritual se pregunta: ¿debo o no comer carne? Yo les digo a ustedes -y repito lo que dije en una charla anterior- que esto en cierta manera y hasta cierto punto no constituye una preocupación para el discípulo, porque hay una verdad, que todos ustedes habrán comprendido seguramente, que es aquélla cifrada en la siguiente frase: «Hay que buscar primero el Reino de Dios, lo demás vendrá por añadidura» ¿Qué hay que entender por Reino de Dios? El Reino de Dios está en nosotros y nosotros, cuando establecemos contacto con la Divinidad, sabemos lo que debemos hacer, porque imprimimos un nuevo ritmo a nuestros vehículos: la mente, el cuerpo astral y el cuerpo físico; y entonces, si nos saturamos de la Vida de Dios, habrá una purificación de los vehículos.
Conferencia de 19 octubre 1985