El perfume de la atención

Hay muchos discípulos que se pasan el tiempo pidiendo al Maestro que les asigne algún deber en la vida social, están, incluso meditando para tratar de extraer alguna de las facultades que les corresponde utilizar en bien de los demás, sin comprender que tan solo con ser «radioactivo» -utilizando un término muy científico en el momento actual, radioactivo en el sentido positivo, muy profundo, dándole a cada cual lo que es suyo porque le corresponde- estaremos manifestando la cantidad de Dios que hemos conseguido liberar, es como el perfume de la flor que no tiene que desplazarse para descubrir su secreto, entonces, siendo así, ¿por qué no hacemos lo que tan sencillamente nos enseña la naturaleza? El árbol con sus frutos, la flor con su perfume, y el hombre con su radiación.
 
Para mí, y creo que para muchos aspirantes y discípulos actuales, es que no puede haber liberación, paz y comprensión, si no existe esta plenitud en la acción que solo surge de la observación profunda y serena de los acontecimientos del tiempo. Para crear estos espacios vacíos tendríamos que carecer de todo dogmatismo. ¿Cuándo se realiza en nosotros este vacío creador? Cuando estamos muy atentos. Cuando una cosa nos interesa estamos tan embebidos en ella que el yo ha desaparecido, el yo que crea las ausencias, no el yo que crea los vacíos. El yo inferior tiene que retirarse para crear un vacío, y con el yo inferior me refiero al conjunto formado por el cuerpo físico, el astral y el mental, hasta el punto de que siendo este vacío una experiencia mística muy trascendente y habiéndolo notado alguna vez en nuestra vida, nos causa la sensación de que no somos nosotros, y es que precisamente somos nosotros cuando se realiza este vacío, un vacío que, como decía, es un lleno de plenitud, no es un vacío en el sentido ordinario del término.   Cuando hablamos de esta manera tan psicológicamente profunda, el decir «vacío” es un sinónimo de plenitud en la acción.  

Conferencia 24 mayo 1986

liberación-radiación: nuestra constante ofrenda a los demás

Un vacío, espiritualmente hablando, es un lleno de plenitud. Solamente donde hay una esfera muy tupida de conocimientos es donde no puede existir la libertad que da el vacío creador, este vacío que vamos afianzando día a día en nosotros, en nuestro interior sin que aparentemente suceda nada, cuando hemos comprendido que todo está en nosotros y que la resolución de todos los estados de conciencia es la expectación serena que surge cuando observamos muy atentamente lo que pensamos, lo que sentimos, lo que estamos diciendo a través de nuestras palabras, todos y cada uno de nuestros gestos. Y ustedes dirán; quizás, ¿y no es esto una nueva disciplina?, ¿está usted u otros tratando de imponerla? Yo les diría que, ¿acaso la atención de esta observación no es el deber de todo ser nacido, el estar atentos a todo cuanto acontezca dentro y fuera de nosotros mismos? Esta atención tan formidable hacia todo cuanto estamos pensando, sintiendo u hablando, yo le llamo «liberación», es la liberación que surge de un propósito firmemente establecido en el suelo de la libertad individual, el suelo de la paz, y entonces se está manifestando como «radiación», que constituye la técnica del servidor de la Nueva Era, que ya no es este constante preguntarse: ¿Qué debo hacer? ¿Cuál es mi destino como servidor espiritual de la Raza?, sino que estaremos preocupados por la calidad y profundidad de nuestra propia radiación que constituye nuestra constante ofrenda a los demás; si estamos irradiando estamos sirviendo, estaremos irradiando esta atmósfera de libertad que lo va impregnando todo porque la propia libertad se manifiesta en nosotros.  

Conferencia 24 mayo 1986

El propósito del caminante espiritual

Hay que llegar a la raíz de aquello que denominamos karma para darnos cuenta de que el karma y nosotros somos una misma cosa, es consubstancial con nuestra vida, es la inercia de la acción lo que crea karma, y me estoy refiriendo al karma corriente o habitual que es distinto de aquel destino que nos han trazado elementos extraños o foráneos a nuestra propia vida espiritual. Entonces, la paz, la ausencia de karma, el claro discernimiento, y ese profundo despertar interno, solamente pueden tener una vivencia consciente en nosotros si somos capaces de estar siempre con esa serena beatitud que emana de aquella atención tan formidable a todo cuanto está aconteciendo en no importa qué momento del tiempo ni en qué lugar del espacio. Si somos capaces de lograr esto, sabremos exactamente que es la paz, nuestra propia paz. Y no me refiero a aquellos momentos de tranquilidad emocional que pueden surgir psicológicamente cuando las cosas marchan bien, cuando no existen problemas familiares, ni psicológicos, ni profesionales, o de tipo social, porque lo que tratamos de hacer, esotéricamente, es evitar de una manera profunda y resolutiva, todo aquello que constituya un problema. Cuando se liquida una dificultad, sea de la clase que sea, encontramos un respiro en nuestra vida, un alivio, es como si hubiésemos cavado más hondo dentro del propio ser y hubiésemos descubierto una luz, la luz de la verdadera comprensión, que no es la luz que proporciona el conocimiento intelectual sino la de aquella comprensión que surge mediante el propósito de realizar, de realizarlo en nosotros mismos, y que constituye el propósito del caminante espiritual.  

Conferencia 24 mayo 1986

Cultivando los valores eternos

Honestamente y mirando hacia adentro, ¿acaso no buscáis la Paz? Aquella paz que trasciende la mera comprensión intelectual, una paz que viene sin que nos demos cuenta de que ha llegado o de que se está acercando a nosotros, es el eterno devenir en el tiempo pero sin tiempo que surge cuando la mente está tan solemnemente apercibida que ningún pensamiento es capaz de perturbar su quietud. Ello se logra, solamente, con esta atención tan exquisita que surge del cultivo de los valores eternos. Se dirá que todo esto ya lo han preconizado los filósofos y psicólogos de todos los tiempos, pero una cosa es la preconcepción intelectual de lo que estamos buscando, sea de la verdad o de la paz, y otra cosa es el sentimiento de integridad que surgirá como consecuencia del contacto con esta paz trascendente y que se encuentra en nosotros, sea cual sea el nivel de nuestra vida psicológica.

Conferencia 24 mayo 1986

«Señor, qué puedo hacer por ti»

Cuando la Divinidad gracias al sacrificio de los Ángeles Solares decidió que los hombres poseyesen alma, automáticamente en aquella alma puso un poco de Su voluntad, y a la humanidad en su totalidad se le llama la raza de los hombres pero también las pequeñas voluntades de los hombres porque una pequeña voluntad implica Voluntad de Dios y el hombre no puede tener voluntad si no tiene a Dios que le otorga la voluntad. Ahora bien, hay lo que podemos llamar esotéricamente la medida de la voluntad, y esto es parte de la evolución, cada persona tiene su propia medida de la Voluntad de Dios, pero en su conjunto la humanidad reacciona de una manera contraria a los planes de la propia Divinidad, con la salvedad de que el Logos Solar no puede intervenir en el proceso porque es Su propia Voluntad descendida en aquellos niveles la que está en juego, y cuando la Jerarquía impone ciertas reglas como leyes siempre tiene que esperar que la humanidad responda a estas leyes, y no puede intervenir porque el karma es sagrado ya que obedece a la Voluntad de Dios de que el hombre sea así, y si el hombre reacciona contra la Divinidad es como si parte de Dios reaccionase contra Dios, la totalidad. Por lo tanto, esotéricamente, las personas de buena voluntad y los discípulos mundiales saben estas cosas y sus invocaciones y plegarias no son “dame esto Señor, dame lo otro, o cólmame de esta dicha”, sino “Señor, qué puedo hacer por ti, cómo puedo trabajar en tu servicio”, entonces la Voluntad de Dios se engarza de nuevo en la gran cadena iniciática de los Grandes Señores del Universo, y de hecho sin darnos cuenta pasamos a formar parte de esta entidad cósmica que llamamos la Jerarquía que, de una manera u otra, está respondiendo a fuerzas cósmicas como pueden ser las Pléyades o Sirio mismo.

Conferencia 6 junio 1979