El propósito del caminante espiritual

Hay que llegar a la raíz de aquello que denominamos karma para darnos cuenta de que el karma y nosotros somos una misma cosa, es consubstancial con nuestra vida, es la inercia de la acción lo que crea karma, y me estoy refiriendo al karma corriente o habitual que es distinto de aquel destino que nos han trazado elementos extraños o foráneos a nuestra propia vida espiritual. Entonces, la paz, la ausencia de karma, el claro discernimiento, y ese profundo despertar interno, solamente pueden tener una vivencia consciente en nosotros si somos capaces de estar siempre con esa serena beatitud que emana de aquella atención tan formidable a todo cuanto está aconteciendo en no importa qué momento del tiempo ni en qué lugar del espacio. Si somos capaces de lograr esto, sabremos exactamente que es la paz, nuestra propia paz. Y no me refiero a aquellos momentos de tranquilidad emocional que pueden surgir psicológicamente cuando las cosas marchan bien, cuando no existen problemas familiares, ni psicológicos, ni profesionales, o de tipo social, porque lo que tratamos de hacer, esotéricamente, es evitar de una manera profunda y resolutiva, todo aquello que constituya un problema. Cuando se liquida una dificultad, sea de la clase que sea, encontramos un respiro en nuestra vida, un alivio, es como si hubiésemos cavado más hondo dentro del propio ser y hubiésemos descubierto una luz, la luz de la verdadera comprensión, que no es la luz que proporciona el conocimiento intelectual sino la de aquella comprensión que surge mediante el propósito de realizar, de realizarlo en nosotros mismos, y que constituye el propósito del caminante espiritual.  

Conferencia 24 mayo 1986

Cultivando los valores eternos

Honestamente y mirando hacia adentro, ¿acaso no buscáis la Paz? Aquella paz que trasciende la mera comprensión intelectual, una paz que viene sin que nos demos cuenta de que ha llegado o de que se está acercando a nosotros, es el eterno devenir en el tiempo pero sin tiempo que surge cuando la mente está tan solemnemente apercibida que ningún pensamiento es capaz de perturbar su quietud. Ello se logra, solamente, con esta atención tan exquisita que surge del cultivo de los valores eternos. Se dirá que todo esto ya lo han preconizado los filósofos y psicólogos de todos los tiempos, pero una cosa es la preconcepción intelectual de lo que estamos buscando, sea de la verdad o de la paz, y otra cosa es el sentimiento de integridad que surgirá como consecuencia del contacto con esta paz trascendente y que se encuentra en nosotros, sea cual sea el nivel de nuestra vida psicológica.

Conferencia 24 mayo 1986

«Señor, qué puedo hacer por ti»

Cuando la Divinidad gracias al sacrificio de los Ángeles Solares decidió que los hombres poseyesen alma, automáticamente en aquella alma puso un poco de Su voluntad, y a la humanidad en su totalidad se le llama la raza de los hombres pero también las pequeñas voluntades de los hombres porque una pequeña voluntad implica Voluntad de Dios y el hombre no puede tener voluntad si no tiene a Dios que le otorga la voluntad. Ahora bien, hay lo que podemos llamar esotéricamente la medida de la voluntad, y esto es parte de la evolución, cada persona tiene su propia medida de la Voluntad de Dios, pero en su conjunto la humanidad reacciona de una manera contraria a los planes de la propia Divinidad, con la salvedad de que el Logos Solar no puede intervenir en el proceso porque es Su propia Voluntad descendida en aquellos niveles la que está en juego, y cuando la Jerarquía impone ciertas reglas como leyes siempre tiene que esperar que la humanidad responda a estas leyes, y no puede intervenir porque el karma es sagrado ya que obedece a la Voluntad de Dios de que el hombre sea así, y si el hombre reacciona contra la Divinidad es como si parte de Dios reaccionase contra Dios, la totalidad. Por lo tanto, esotéricamente, las personas de buena voluntad y los discípulos mundiales saben estas cosas y sus invocaciones y plegarias no son “dame esto Señor, dame lo otro, o cólmame de esta dicha”, sino “Señor, qué puedo hacer por ti, cómo puedo trabajar en tu servicio”, entonces la Voluntad de Dios se engarza de nuevo en la gran cadena iniciática de los Grandes Señores del Universo, y de hecho sin darnos cuenta pasamos a formar parte de esta entidad cósmica que llamamos la Jerarquía que, de una manera u otra, está respondiendo a fuerzas cósmicas como pueden ser las Pléyades o Sirio mismo.

Conferencia 6 junio 1979

La verdadera oración

Interlocutor.—Has hablado que para poder colaborar con los grandes Avatares, Ángeles Solares y demás lo fundamental es ser humilde, ahora viene la pregunta: ¿qué es la auténtica humildad? Yo te quería preguntar si estás de acuerdo con la definición que creo que dio Santa Teresa de que “la humildad es la verdad”. Para llegar a la auténtica verdad es muy difícil porque tenemos la facilidad, creo yo, de engañarnos a nosotros mismos, de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio, entonces, el camino para ser verdaderamente sinceros con uno mismo quizá no sea más que la auténtica oración, la meditación. ¿Nos puede decir algo?
Vicente.— ¿Qué entendemos por oración? ¿Pedir algo a la Divinidad?
 
Interlocutor.— No. Comunicarse…
Vicente.— Bien. ¿Y por qué no nos comunicamos con los seres humanos? Hay personas que se pasan el tiempo orando y cuando salen a la calle todo el fruto de la oración se ha perdido, pues entonces es que no hay comunicación, pues si es verdad que Dios está en todos los seres y en todas las cosas la oración es constante. No puede existir un lapsus… voy a orar, voy a meditar, voy a hacer una plegaria al Altísimo y luego se olvide de todo en el devenir de la vida cotidiana donde hay tantos puntos de fricción entre los hombres. Entonces, y le contesto, para mí la verdadera oración es buscar la sintonía con el corazón del otro, del ser humano, del prójimo. En el momento en que hay este punto de unción, de unión con el corazón de cualquier otra persona o grupo de personas o con toda la humanidad estoy auténticamente orando, estoy en comunicación directa con el Señor. Por esto queda entendido que las personas confunden el instrumento con la realidad, prefieren la realidad y desprecian el instrumento cuando ya no le es necesario. La persona que está en contacto con los demás deja de orar, deja de meditar, está en contacto simplemente. ¿Se da cuenta? Hay personas que están meditando mucho tiempo al santo de su devoción o meditando en las fuerzas cósmicas, pero que al rato de estar meditando sólo sienten una pequeña llamita en el corazón; no es la meditación sino una conducta la que debe activarse o propagarse. No digo que no se deba orar o meditar ¡cuidado! Estoy diciendo que no se confunda el efecto con la causa, la causa es la unidad y el efecto es meditar. Si se confunde el aspecto con la causa el mundo está como vemos, y sabe Dios que hay mucha gente que medita y que está orando constantemente, las iglesias están llenas de fieles, los grupos religiosos de no importa qué tipo de creencias están también llenos de fieles, y sin embargo no hay paz en el mundo. ¿No será que no han sabido meditar de cara a los demás, al corazón del prójimo, de cara al ser humano? Son las propias iglesias las que deben contestarse. Si se dieran cuenta por qué existen peligros de cisma constantes en las iglesias…, porque no hay amor que las sustente en el fondo… grandes estructuras, monopolios y mucha gente dentro no pueden traer la paz a un mundo necesitado, la paz sólo puede venir de la comprensión de mi prójimo, de mi otro yo, de mi álter ego que son todos ustedes, que es toda la humanidad.

Conferencia de 12 de mayo 1979

La atención: un principio de la naturaleza

Interlocutor. — Hay una anécdota de Buda cuando está explicando en un sermón, precisamente lo que él llamaba la ciencia de la atención, diciendo que era la máxima ciencia, la máxima enseñanza que se podía dar en aquel momento a la raza. Y uno de sus más allegados discípulos le dijo más o menos como decía Ana, que tenía problemas, ¿no? ¿Qué debía hacer para solucionarlos? Y le dijo Buda: “¿Tienes un pañuelo?” Le dio el pañuelo, lo cogió,  claro y era de seda ¿no? Dice: ¿qué he hecho?… Dice: “un nudo”. ¿Te has fijado bien? ¿qué he hecho?…” “Un nudo”. ”¿Lo has visto bien?, ¿qué he hecho?”… “Un nudo”. Dice: “Todos nosotros estamos llenos de nudos, ¿qué hay que hacer para deshacer estos nudos?… Se quedó pensando y dice: “Pues hacer exactamente lo contrario que se ha hecho para hacer este nudo”. Dice: “Sí, pues a través de esta atención sabrás cómo se te ha hecho el nudo y sabrás cómo deshacer el nudo…

Vicente. — Yo digo que hay que hacer la experiencia. Sucede que bueno, Vicente dice que hay que estar atentos constantemente, y  naturalmente el estar atentos para vosotros presupone una disciplina y entonces Vicente está negando lo que está diciendo. Pero es que vosotros buscáis el resultado, no queréis experimentar, queréis un resultado inmediato. Entonces, si no puedes mantener todo el día la mente en la observación, en la expectación, no os preocupéis, pero siempre que podáis estad atentos, porque entonces se hará espontánea la atención, no tendréis que preocuparos de la atención, pero no lo toméis como disciplina: la atención es una necesidad, no una disciplina, es una ley, es un principio de la naturaleza.

La atención que tiene el gato esperando a la rata es expectación en aquel nivel, o la cigüeña esperando en el río, o el buitre sobre la presa a larga distancia; esa atención no la tenemos nosotros y, por lo tanto, no llegamos nunca a la iniciación, o nos parece que hacemos poco, y para llenar este vacío que creemos que hemos hecho estamos buscando disciplinas y llenamos el recipiente de disciplinas pero no de vida. No sé si entendéis qué trato de decir, porque todos estáis diciendo: “Sí, estoy atento” y entonces os acusáis porque no estáis atentos. Y Cristo decía: “Levántate y anda”; dejas la atención, no te preocupes, vuelve a la atención. Ahora estamos atentos a algo que nos interesa mucho olvidando lo demás.

Conferencia de 28 de junio 1984